Review: "500 days with Summer" (500 días con ella)

Una comedia romántica verosímil, de la mano de Mark Webb.

Eludiendo el juego de palabras que propone su título original, “500 days of Summer”, es una película que conlleva en su encabezado, un argumento un tanto solapado para el espectador. Lo cierto es que “Summer” no es sólo la época del año (verano), sino el nombre de una persona que producirá un fastidio particular en su público. Ahora, para descubrir acerca de qué trata y sin desestimarla como una película más, es necesario verla.

Los espectadores y cinéfilos argentinos vienen de una tradición estadounidense muy aguerrida, a excepción de aquel público selecto que se interese por películas de lugares más remotos. Están acostumbrados a presenciar recursos predecibles y clichés, como las clásicas historias de amor con finales idílicos e irreales. Si bien la realidad yanqui dista mucho de esas películas, se puede afirmar con seguridad, que la argentina dista aún más. Esta película no va a revolucionar la forma de ver el mundo, que bastante advertida está, pero si puede resultar un tanto más “refrescante” ya que los proveedores cinematográficos del norte, hacen el intento de mostrar una forma más actualizada de las películas románticas. Lo cierto es que, “500 días con ella”, hace una “bajada de línea” y deja de ser romántica, para echarnos con un baldazo de agua fría, unos cuantos litros de drama.

Con la gran ayuda de un narrador en off, quien anticipa muy tempranamente, que esta no es una película de amor, la historia gira en torno a la vida de un joven arquitecto llamado Tom (Joseph Gordon-Levitt) que trabaja en una empresa que se dedica a escribir tarjetas de felicitación. Este muchacho rutinario, no encuentra sobresaltos en su vida, hasta que se enamora perdidamente de una compañera de su trabajo, la “fastidiosa” Summer (Zooey Deschanel). El calificativo se lo gana, ya que por un lado, es una chica despreocupada y extrovertida, pero por el otro, no cree en el amor. Elemento que llevará a la desdicha del pobre protagonista. Si, en esta película hay sufrimiento, desengaño, ilusión, expectativa y además el interlocutor advirtió que no era una película de amor, al mismo tiempo que advierte sobre la hipocresía del espectador crédulo al confiar que habrá una luz al final del túnel.

Se forma una relación sin rótulo, Tom y Summer disfrutan lindos momentos, pero al cumplirse los 500 días, conteo que aumenta y disminuye permanentemente con retrospectivas a lo largo de la vida de la pareja, se produce cierta incomodidad familiar para el que la mira. Esa incomodidad, es traducida en términos de identificación por quienes hayan sufrido una experiencia similar en alguna relación amorosa. Entonces esta película no romántica y por lo tanto, dramática crea cierta complicidad con el espectador.

Es un gran “bienvenido a la realidad” combinado con una serie de recriminaciones que se reducen a un simple “te lo dije”. Sucede que, ya no son las películas las que construyen lugares comunes, sino que es el propio espectador el que quiere que esos elementos existan en su vida real. Ahora, cuando se enfrenta a una película que refleja esa realidad fielmente, no le gusta.

Desafortunadamente, esta película que marca un antes y un después frente a las típicas románticas, peca de convertirse en un futuro cliché. En el ámbito cinematográfico es común que se marquen tendencias y para el desagrado de muchos y satisfacción de otros, esta será el inicio de miles de largometrajes románticos/dramáticos no convencionales.

No obstante, “500 días…” también enseña. Deja una serie de moralejas para el que no aprendió de sus errores, como por ejemplo, que el destino no existe, que algunas cosas pueden ser azarosas, que esa primera persona que encontramos puede no ser la indicada, entre tantas otras. Por más obvio y evidente que parezca, los humanos parecen no entenderlas.

Se puede rescatar, sin embargo, que es una película terapéutica que posee a su vez, momentos lúdicos y humorísticos. La realidad es tragicómica a veces y ésta es una historia que se encarga de cerciorarla una y otra vez. Invita a participar en su trasfondo emocional y si bien integra a los dolidos, deja afuera a aquellos que no han tenido la desgracia del desamor. Citando a Anthony Hopkins en “¿Conoces a Joe Black?”: “si no has tratado, no has vivido”. Por ende, “500 días con ella” resuelve con un tono esperanzador. Sin ánimos de recaer en un consuelo de tontos, dice: “lo intentaste, al menos, lo intentaste”.

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